Según la leyenda, este monje nacido en Irlanda o Escocia, fue un obispo de Gante en el siglo VII y un mártir cuya lengua fue arrancada por una multitud enfurecida en la aldea de Esse, en la actual Bélgica. Rubens describió la tortura de Livino literalmente. El espectador no escatima ni un solo detalle horroroso: ni el cuchillo salpicado de sangre, ni el soldado que sostiene la lengua arrancada del santo en un par de pinzas sobre el perro que ladra. Se cree que esta pintura fue encargada por la iglesia jesuita en Gante para conmemorar el aniversario milenario del martirio en 1633.




El martirio de San Livinio
Óleo sobre lienzo • 455 x 347 cm