El miércoles pasado, durante los Pensamientos sobre Arte nos quedamos reflexionando sobre la perspectiva de Jerome Stornitz a cerca del esteticismo: la forma que una pieza aislada puede tener tal impacto que aliena al observador. Pero no todos comparten la percepción de Jerome de la obra de arte como un fin independiente y objetivo, principalmente porque ignora el papel del autor de la obra. Si para Jerome el esteticismo es un momento de aislamiento introvertido, para otros es un momento de comunicación. Esta es la perspectiva de Leo Tolstoy, para él la actividad artística estaba basada en la comunicación. Por ejemplo, la audiencia debería sentir lo mismo que el autor, y su principal objetivo es la transmisión de su propia individualidad a través de la pieza. La duración de esta comunicación dependería de tres condiciones: la mayor o menor singularidad del sentimiento transmitido, la claridad con la que se transmite, y la sinceridad del artista, la fuerza con la que siente y transmite. Para Tolstoy, si la pieza no transmite la singularidad del artista entonces no es individual y por tanto no comunica nada. Si no transmite inteligentemente la voluntad más auténtica y la emoción del autor, entonces no es una obra de arte. Podemos deducir que un momento estético sería la conexión perfecta con otro individuo, compartir un sentimiento, emoción o idea. Y la base de la actitud estética, tener en cuenta los pensamientos del otro, sin necesidad de abstracción. En la obra de hoy, Sofía y Alexandra Tolstaya (mujer e hija de Tolstoy) son representadas. ¿Crees que puedes compartir la emoción hacia la obra de la misma manera que lo hizo el autor?
Feliz miércoles,
Artur Dionisio