Como si nosotros mismos estuviéramos a bordo, nuestros ojos se dirigen hacia la proa del barco donde está sentada una pareja cogida de la mano que contempla la ciudad en la lejanía, con los capiteles de su iglesia y sus edificios surgiendo a través de la neblina de la mañana. La mujer es Caroline, la mujer del artista y el hombre se supone que es Friedrich. El artista posiblemente está aludiendo aquí a la metáfora de la navegación a través de la vida, donde la vida es un viaje que hacemos desde este mundo al próximo, ya que este tema es conocido de la tradición pictórica cristiana y de la literaria. Ellos nos dan la espalda y miran más allá del agua hacia una lejana orilla donde se sitúa el borde de una ciudad, su destino. Es un horizonte de capiteles góticos y edificios aunque imprecisos y todavía no del todo identificables; una tierra de ensueño, otro mundo. Es un viaje del alma.




En el velero
óleo sobre lienzo •