Es tiempo para una pieza del Museo Kunsthistorisches en Viena. Hoy te mostramos algo menos serio que el Tríptico del domingo pasado :)
A partir del año 1600, la pintura de flores devinó en una categoría diferente de naturaleza muerta. Con dieciséis pinturas atribuidas a él, Jan Breughel es uno de los principales representantes de este género. Llamado “Brueghel aterciopelado” por su habilidad de pintar texturas diversas y delicadas, Brueghel fue la segunda generación dentro de una dinastía de pintores flamencos.
Nacido en Bruselas y entrenado por su madre, Brueghel fue celebrado en su época y dicha fama lo llevaría a convertirse en decano del gremio de pintores de Amberes en 1602. El pintor viajó extensamente a lo largo de Europa. Durante un viaje de tres años a Italia a mediados de la década de 1590, se ganó el patrocinio del Cardenal Federigo Borromeo quien se encontraba encantado con los espacios poco realistas de Brueghel y sus paisajes inesperados combinados con flores y animales representados de la vida.
Flores en una vasija de madera – una de las más famosas representaciones de flores jamás creada – no es un reflejo de un bouqué real, ya que presenta un panorama enciclopédico de especies extrañas. El arte y la curiosidad científica se combinaron en esta reproducción altamente meticulosa y virtuosa de 130 tipos diferentes de flores.